Verdades embarazosas III: los remolones

Cuando empecé a comentar que iba a hacer una serie de entradas sobre el embarazo, el parto y el postparto, mucha gente me dijo que hablara del “parto natural”. Sin embargo ese término me parece un tanto ambiguo. ¿Se trata de parto vaginal? ¿Parto planeado? ¿Parto sin medicación anestésica? ¿Sin hospitalizar? ¿Parto sin episiotomía?

Como sé que todas estas cosas son motivo de debate, he decidido tratarlas por separado. Vayamos en orden cronológico y empecemos por el parto inducido frente al parto espontáneo en embarazos a término.

Un embarazo suele durar unas 40 semanas desde el comienzo de la última regla – entre 37 y 42 se considera dentro del rango normal. Los bebés que nacen antes de las 37 semanas pueden presentar problemas porque algunos de sus órganos no se han desarrollado del todo. Y los nacimientos más allá de las 42 semanas se han asociado a una mayor mortalidad neonatal. Si llegan las 37 semanas de embarazo y no hay ningún signo de contracciones o aviso de parto, ¿es mejor inducir el parto o esperar?

En 2012, se revisaron 22 ensayos clínicos que incluían a más de 9000 mujeres. En algunos casos se había inducido el parto entre las 37 y las 42 semanas – este sector se dividió en grupos según cuándo se había realizado la inducción, la fecha más común eran las 41 semanas – y se comparó cada grupo con casos en los que se había esperado más.

Se llegó a la conclusión de que la política sanitaria de inducción del parto se asocia con menos muertes perinatales: una muerte perinatal en el grupo de parto inducido, frente a 13 en los grupos en los que se esperó al “parto natural” post término.

¿A qué se debieron las diferencias? Pues bien, en el estudio no hablan de una relación causa efecto, pero se menciona que en los partos inducidos hubo menos recién nacidos que experimentaran síndrome de aspiración de meconio. El meconio son las primeras heces del bebé, que normalmente se producen cuando empieza a tomar leche. En condiciones de estrés, el bebé puede eliminar el meconio dentro del líquido amniótico y respirarlo mientras está en el útero, o cuando aún está cubierto en líquido amniótico durante, o justo después del parto. El síndrome consiste en la inflamación de las vías respiratorias y pulmones del bebé. A pesar de esto, no se observó una diferencia significativa en el número de neonatos que necesitaron cuidados intensivos en el grupo de embarazos no inducidos.

En cuanto a las madres, se realizaron menos cesáreas en los partos inducidos que en aquellos en los que se esperó, probablemente debido a el tamaño del bebé.

Así que un poco por casualidad, vemos un caso donde la intervención – inducción – del parto, puede ser beneficiosa frente a la alternativa “natural” de esperar a que se produzca el parto más allá de las 41 semanas de gestación. Seguiremos.

Hay que sacarles a tiempo, que luego no se van de casa hasta después de los treinta.

 

Posdata: Como en todas las entradas de la serie, ésto es solo normal general. Cada caso es distinto y sólo tu médico puede recomendarte qué es lo mejor que puedes hacer en tu caso.

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