Detox, purgas y otras torturas

Tengo un grupo de amigos que cada cierto tiempo se hace una limpieza intestinal o detoxificación. Cuando empiezan a hablar de estos temas yo normalmente me hago el bicho bola hasta que alguien me pincha y digo algo así como “bueno, yo soy un animal racional, así que…” a lo que sigue alguna frase reconociendo la riqueza de opiniones de nuestras sociedades. Y yo sonrío.

Algunas de estas prácticas son simplemente entretenidas, otras son parcialmente efectivas, pero las hay que son un timo o incluso peligrosas para la salud. De entre todas las estrategias que prometen la eliminación de toxinas, me voy a centrar en un par de ellas: las dietas detox y las limpiezas de colon.

A la caza de las toxinas

Las toxinas que no son eliminadas se acumulan en nuestro cuerpo, muchas de ellas en las células grasas, llamadas adipositos. Algunas dietas detoxificantes se basan en el ayuno para eliminar las células grasas que contienen toxinas. Es cierto que el ayuno favorecerá la eliminación de grasas, ya que nuestro cuerpo necesitará tomar energía de sus reservas y liberará grasas, junto a las toxinas acumuladas en ellas. Sin embargo, las toxinas no saldrán de nuestro cuerpo sin más, antes tienen que pasar por el hígado, el órgano encargado de modificar las toxinas para hacerlas más solubles en agua y favorecer su eliminación en la orina. En el caso de que haya una liberación masiva de toxinas, se podría producir daño en el hígado, entre otros efectos propios de cada toxina. Esto no es común, pero es importante tenerlo en cuenta.

Muchas de estas estrategias detoxificantes basadas en el ayuno se acompañan de ciertos complejos vitamínicos para sustituir los nutrientes que no estarás ingiriendo durante esos días. Por suerte, nuestro cuerpo suele tener reservas de todos ellos, lo les hace innecesarios para todo… excepto para el bolsillo de la teletienda. Conclusión: no hay evidencias de que estas dietas funcionen, incluso pueden ser peligrosas.

Y llegamos a la segunda parte del post: las limpiezas intestinales o purgas. Hay dos modalidades que, a falta de una definición académica, he decidido dividir en: “puerta principal” y “puerta de servicio”, perdón por el clasismo.

Las dos estrategias se basan en la idea ancestral de que el colon es un almacén de toxinas que si no son eliminadas puede llegar a reabsorberse, dando lugar a una variedad de síntomas, incluyendo dolores de cabeza o fatiga. Sin embargo, nuestro cuerpo está respaldado por miles de años de evolución que hacen que, salvo en caso de enfermedad, el colon sea lo suficientemente resbaladizo y flexible como para que la materia fecal no se quede atrapada en él. A parte de la materia fecal que está de paso, lo único que hay en nuestro colon son bacterias. Pero ojo, bacterias buenas, de esas que salen pintadas de color azul en los anuncios de yogures.  Así que, ¿por qué las íbamos a  querer eliminar? De hecho, hacerlo puede dificultar nuestra digestión y favorecer la que otras bacterias menos amigables se implanten. Hay quien dice, que si este tipo de terapia es efectivo, es más probable que lo sea por favorecer el movimiento intestinal que por eliminar toxinas, ya que los reflejos del sistema digestivo afectan al sistema nervioso en su totalidad.

Pasen y vean

Pero volvamos a mi clasificación. Las estrategias de la “puerta de servicio”, consistir en una forma de enema más o menos agresivo. Las de la “puerta principal” suelen incluir algún tipo de píldora o preparado “natural” que hay que tomar antes de que se apodere de nosotros una necesidad urgente de ir al baño, donde se liberará una especie de pasta alargada y gomosa. Tiene un aspecto tan grotesco que es normal que todo el que ve salir eso de sí mismo abrace las pastillas limpiadoras como amuleto contra el alien  que llevaban dentro. Estas píldoras milagrosas está fundamentalmente formadas por bentonita, una arcilla absorbente en forma de polvo fino que, mezclada con un laxante de uso común como el psyllium, produce una goma que toma la forma del recipiente que lo contenga, y si son unos intestinos: voilá ¡un alien!. El alien recibe el nombre de placa mucoide (link a la imagen, sólo para estómagos fuertes) en todas las webs donde se venden estos preparados. Está claro que su nombre suena mejor que el mío, pero significa lo mismo: nada. El término fue acuñado por Richard Anderson, que lo describió como “una acumulación no saludable de materia mucosa anormal en la paredes de los intestinos”, pero toda la evidencia de la existencia de esta placa mucoide se limita a las fotos de los usuarios o vendedores de estas píldoras limpiadoras. No se ha documentado nada similar en ninguna endoscopia, cirugía o autopsia en la historia de la medicina.

El caso es que sea cual sea la estrategia, aún no hay evidencia sólida de que estas limpiezas de colon sean buenas para la salud. Lo que sí se sabe es que pueden producir diversos efectos secundarios: vómitos, dolores abdominales, deshidratación, dependencia de los laxantes o enemas…

Así que la mejor forma de evitar la acumulación de toxinas es evitar las que podamos: no fumar, vivir lejos de la contaminación de la ciudad y las fábricas, no tomar medicamentos innecesarios, mantener una dieta sana y variada y tomar muchos líquidos que nos ayuden a nuestros hígado, riñones, pulmones y glándulas sudoríparas a hacer su trabajo y eliminarlas.

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