El dilema de Marius

Hace muchos años que no voy al zoo, me da muchísima pena ver a los animales encerrados. Sé que muchos habrán nacido en cautividad, pero siento que me persiguen sus miradas tristes, no puedo evitarlo. Sin embargo, entiendo que a otra mucha gente sí le gusten y disfruten de sus visitas. Yo misma, años atrás, cuando miraba sin filtros, adoraba ir al zoo.

Jirafa en su casa, tan a gusto

Bajo mi punto de vista, un zoo puede tener varios propósitos.  Los primeros fueron los herederos de las casas de fieras de monarcas y nobles. Tenían un fin de mera exhibición: los animales se exponían como piezas de museo, siendo sus necesidades una mera cuestión de mantenimiento. Quizá algo más adelante se unió la finalidad educativa, no es difícil imaginar, que estudiosos de la época aprovechasen la oportunidad para analizar animales exóticos. Pero hoy en día, los zoológicos tienen una misión más transcendental: ayudar a mantener especies en peligro de extinción. Es más, para muchos centros este es uno de sus principales objetivos: mantienen la exposición para financiar los cuidados de los animales y las actividades educativas para despertar conciencias ecologistas y entrenar a los futuros zoólogos.

Hace unas semanas el zoo de Copenhague vio puesta en tela de juicio sus actividades. Y todo por Marius.

Marius era una jirafa macho de 18 meses que tenía unos genes demasiado comunes, por lo que fue sacrificada, diseccionada en público y sus restos se los dieron a los leones. Eso fue lo que apareció en muchos de los periódicos de la prensa amarillista. ¿Fue eso lo que ocurrió? Pues sí, pero la cuestión es ¿por qué? y ¿qué otras alternativas había?

Como he mencionado antes, la misión de algunos zoológicos hoy en día es favorecer la supervivencia de especies en peligro de extinción. Para ello muchos centros europeos participan en los programas de apareamiento responsable, que consisten en evitar que dos individuos con genes muy parecidos se crucen entre sí. Por todos es conocido que, en ciertas familias reales, un alto grado de consanguinidad (o parentesco), a dado lugar a una descendencia enfermedades graves o infertilidad. Por lo que a la larga, si no existe la variabilidad genética necesaria, la especie podría extinguirse.

Marius nació con un set de genes muy parecido al de todas las jirafas que están en los centros con programas de apareamiento responsable, por lo que no debía reproducirse o pondría en peligro la supervivencia de su especie. Muchas personas estaban en contra de la muerte de Marius y pidieron que se le trasladara a otro zoo, incluso algunos se ofrecieron a adoptarlo. Sin embargo, ninguno de los zoológicos que pidió adoptar a Marius cumplía con los requisitos de un centro de calidad; Marius podría terminar en condiciones penosas en cualquier circo.

También se propuso la alternativa de la esterilización. Pero para ello tendrían que operarle, lo que conllevaría una sedación completa, que resulta muy peligrosa para una jirafa. Existen anticonceptivos inyectables, pero como en los humanos, sólo funcionan en hembras.

No cabe duda de que vivir en aislamiento afectaría de forma importante la salud de Marius, y que es la supervivencia de un animal nacido en cautividad en  su medio natural es prácticamente imposible.

Así que parece que, aunque triste, la opción menos mala para preservar las jirafas es sacrificar a Marius.

Jirafa que se negaba a decir “patata”

La de Marius sería un pérdida triste, pero tenía un sentido. Además, en el zoológico decidieron ir más allá. Teniendo en cuenta su labor educativa, pensaron que son muy pocas las veces que se tiene acceso al cuerpo de una jirafa, y que podría ser una oportunidad perfecta para estudiar su anatomía. Así que organizaron una sesión abierta al público, y muchos padres decidieron que sería una buena experiencia educativa para sus hijos.

Para no dejar ningún cabo suelto, el personal del zoo decidió cerrar el círculo de la mejor manera posible, como hubiera ocurrido en la naturaleza: el cuerpo de una jirafa sirvió de alimento a leones.

Algunas noticias son muy susceptibles de su manipulación por los medios sensacionalistas. Esta ha sido una de ellas. La decisión de un grupo concienciado y responsable de zoólogos se ha puesto en entredicho. Pero no sólo eso, que hasta cierto punto está bien, sino que se les ha tachado de tratar cruelmente a los animales o de producir malas influencias en los niños presentes en la disección.

Puede resultar paradójico que se tenga que sacrificar a un individuo para el bien de una especie, pero más paradójico aún es que a la gente le parezca cruel que un león se coma a una jirafa y, sobre todo, que tengamos que mantener en zoológicos las especies que nosotros mismos hemos llevado al peligro de extinción.

*Documento del Zoo de Copenhague sobre la eutanasia de Marius

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