Cazadoras de trols

La semana pasada me encontré con uno de esos hilos de Twitter que dan sentido a la existencia de las redes sociales y a la comunicación 2.0 en general.  Marga Gual Soler, científica española reconocida por su trabajo en el desarrollo de políticas de ciencia y tecnología para el desarrollo sostenible, la innovación y  la popularización de la ciencia, publicaba en su twitter una foto de un comentario recogido en la revista Nature.

Se trataba de un comentario machista, que criticaba las recientes políticas de igualdad de género en ciencia, justificándose en base a los valores de una sociedad tradicional. Por suerte el comentario no pasó desapercibido, y tras una larga lluvia de reproches en Twister, la revista decidió publicar sus disculpas: el comentario no debería haber pasado el filtro editorial. Muy bien, entonces ¿por qué lo hizo? Claramente este comentario sexista no resultó a los editores tan obviamente inapropiado como lo sería un alegato en contra de los alimentos transgénicos o una negación del cambio climático. El sexismo está tan instalado en nuestras vidas, que hay a quien le cuesta verlo.

Science, is a girl thing" Epic fail de las campañas europeas para hacer la ciencia más atractiva a las mujeres

Otra muestra de la recalcitrante perpetuación de estereotipos fue el de aquel sonado anuncio de la Unión Europea que buscaba atraer la atención de las chicas por las carreras de ciencia, a través de pintalabios, tacones, y purpurina. Poco queda que decir sobre esta desastrosa campaña que tuvo que ser retirada tras el aluvión de críticas que recibió.

Por el momento parece que la cosa no pinta muy bien: tanto las publicaciones como las políticas científicas parecen estar impregnadas del sabor rancio que deja el machismo. Pero,  ¿qué pasa con el mundo de la comunicación de ciencia? ¿Estamos ante un reducto de esperanza? Mucho me temo que no, al menos no por el momento.

2013 fue el año de los escándalos en la comunidad de blogs de ciencia de Estados Unidos. El primer caso fue el de Danielle N. Lee, una conocida bloguera especializada en zoología que recibió insultos misóginos por parte de uno de los editores de Biology Online al negarse a colaborar gratuitamente con dicho medio. Cuando Danielle denunció su experiencia en Scientific American, su post fue borrado al cabo de una hora sin explicación previa. Una vez más fueron las redes sociales las que reclamaron un trato justo y el artículo volvió a aparecer online al día siguiente. Y  aunque no se conoce quién fue el editor responsable del insulto, al menos fue despedido.

Pocos días después, la escritora Monica Byrne, actualizó un post que había publicado hace un año. El post relataba cómo en una cita profesional, un “conocido editor y bloguero”, le había comenzado a hablar de su vida sexual y su sexualidad, con una clara y única intención. La actualización del post incluía el nombre de este misterioso personaje: Bora Ziivkovic, responsable de la red de blogs de Scientific American y una de las personas más reconocidas del universo de los blogs de ciencia en inglés.

Elise Andrew, fundadora del blog "i Fucking Love Science"

Elise Andrew, fundadora del blog “I Fucking Love Science”

Y la rueda sigue girando: de la ciencia a su divulgación, y de ahí al público. Casi todos recordaremos las reacciones de muchos al descubrir la persona detrás del blog I fucking Love Science era nada más y nada menos, que Elise Andrew, una joven recién graduada en biología por la Universidad de Sheffield. Cuando Elise cuestionó la sorpresa de todos al saber que era una mujer, muchos la acusaron de alarmista, aludiendo argumentos como el hecho de que la reacción se debía no sólo a que fuera una mujer, sino a que además fuera una mujer atractiva. ¡Debería agradecer los piropos!

En la línea de estos comentarios encuentro un video de Emily Graslie, conocida por su canal de vídeos educativos The Brain Scoop. Emily denuncia el acoso cibernético al que se ven sometidas muchas mujeres cuando deciden subir imágenes suyas a la web. Aunque el contenido de las imágenes sea puramente educativo, siempre habrá sugerencias sobre su vestuario, sobre cómo podrían parecer más atractivas, o directamente comentarios obscenos u ofensivos. No es de extrañar que Emily piense que éste puede ser uno de los motivos detrás de la baja cifra de mujeres en programas de divulgación de televisiones o canales online.

Cada revista “femenina”, cada campaña adelgazante, cada publicación sexista, cada comentario misógino, cada ley paternalista… cada uno de ellos nos alejan de la sociedad equilibrada en la que muchos, hombres y mujeres, queremos vivir. Tenemos que seguir atentos para terminar con los trols* de nuestra historia.

* Trol, se refiere al trol cibernético, persona que publica mensajes provocadores e irrelevantes en una comunidad online.

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Este post fue publicado previamente en el blog de la Asociación Española de Comunicación Científica (AECC) : http://www.aecomunicacioncientifica.org/cazadoras-de-trols-2/

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