Caballero, ¿tomaría usted “la píldora”?

Una alarma diaria en mi móvil, un análisis de sangre anual, algún cambio de humor un poco acentuado, una revisión médica al año, una ayuda para la acumulación de líquidos y la celulitis, cierto aumento del riesgo cardiovascular… y una garantía virtualmente perfecta para disfrutar de mis relaciones sexuales sin preocuparme por un embarazo que ahora mismo no quiero considerar. Eso es lo que significa la píldora anticonceptiva para mí, pero ¿qué significaría para mi pareja en el caso de que fuera él quien la tomara?

Presentación habitual de la píldora anticonceptiva (Wikimedia commons)

Una de las presentaciones de la píldora anticonceptiva (Wikimedia commons)

La píldora masculina lleva años buscándose sin mucho éxito. Esto es en gran medida porque, mientras las mujeres producimos un solo óvulo en un momento determinado del mes, los hombres producen espermatozoides de forma constante. Aunque se ha intentado regular la producción de esperma mediante tratamientos hormonales, estos han resultado efectivos sólo en algunos hombres. Esta enorme variabilidad hace que sea imposible diseñar un tratamiento que pueda aplicarse a la mayoría de la población de forma fiable. Por otro lado, la producción de espermatozoides está regulada por la hormona conocida como testosterona, por lo que los anticonceptivos hormonales buscarían bloquear la acción de esta hormona. Pero ojo, debe bloquear sus efectos sólo hasta cierto punto, ya que esta hormona es también la responsable de despertar el deseo sexual.

Los anticonceptivos orales masculinos han llegado a probar en ensayos clínicos de fase tres (los que preceden a la comercialización de un tratamiento). Sin embargo, ninguna combinación ha logrado pasar esta barrera.

Es por este motivo que se están buscando mecanismos alternativos para lograr dar con la fórmula de la píldora masculina. Hace unas semanas, investigadores australianos dieron a conocer sus experimentos en los que, mediante la eliminación de dos proteínas en ratones modificados genéticamente dieron lugar a ratones infértiles, pero con hábitos sexuales normales.

En su investigación, publicada en la revista PNAS, los científicos explican cómo eliminando los dos receptores consiguieron evitar el transporte de espermatozoides desde los testículos al pene durante la eyaculación. De este modo, los ratones mantenían su comportamiento sexual habitual, pero era infértiles. Sin embargo, seguían siendo capaces de producir espermatozoides de buena calidad, que dieron lugar a descendencia sana cuando se utilizaron en un fertilización in Vitro.

Los autores de la publicación defienden que su hallazgo puede ser transferible a los humanos si, en lugar de eliminar los receptores, se diseñan medicamentos que bloqueen su acción de forma reversible. Es más, ya existen fármacos que bloquean uno de estos receptores; son los alpha1-adrenobloqueantes, que se utilizan en el tratamiento del agrandamiento benigno de próstata. Por lo tanto, y en teoría, sólo haría falta desarrollar un medicamento capaz de bloquear la acción del otro receptor (P2X1-purinoreceptor) para lograr la píldora masculina perfecta.

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La mayoría considera que hombres y mujeres deben compartir la responsabilidad a la hora de tomar medidas anticonceptivas. (Wikimedia commons)

De todos modos, aún y cuando esto fuera así, creo que muchos de los interrogantes sobre la implantación de un tratamiento de este tipo en nuestra sociedad están más allá del laboratorio. ¿Están los hombres preparados para tomar esta responsabilidad? ¿Estamos las mujeres listas para confiar plenamente en ellos? ¿Querrán los hombres exponerse a los potenciales efectos secundarios que este tratamiento – como todos- tendrá?

La respuesta a estas preguntas tienden al sí, pero no de una manera estrepitosa. En una encuesta internacional del año 2000 en la que participaron 4000 personas, dos tercios de los hombres afirmaron que usarían la píldora si existiera y casi todas las mujeres encuestadas dijeron que confiarían en que su pareja lo hiciera. En otra encuesta de 2005 realizada a 9000 estadounidenses en 2005m sólo el 55% de los hombres expresó su interés en el uso de una píldora anticonceptiva. Por último, los resultados de una encuesta realizada en Reino Unido en 2008 son menos esperanzadores, con sólo un 36% de hombres mostrándose dispuestos a utilizar la píldora anticonceptiva. Parece que cuanto más cerca está este tratamiento menos hombres se muestran dispuestos a probarlo. Está claro que es más fácil abrir las puertas a una ilusión que a una realidad, con todas sus ventajas y desperfectos.

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