La Wi-Fi y el hombre de hojalata

La relación de los humanos con al tecnología siempre ha sido difícil. Algo así como un padre mirando a su hijo adolescente preocupado por aquello en lo que se pueda convertir; vigilando quién le influencia y puede desviarle a un camino distinto al que el su progenitor tenía pensado para él. Tanto la sorpresa, como la decepción o incluso el miedo, son inevitables. Podría continuar analizando esta relación, pero a petición de uno de mis lectores más asiduos, me centraré en la polémica de las radiaciones. Vivimos sumergidos en un mar de radiaciones electromagnéticas: la radio, la televisión, el teléfono, los walkie-talkie escucha bebés o los de  camioneros o policías, los microondas, el GPS, la Wi-Fi… son todos elementos de nuestra vida diaria. Además de las generadas por el ser humano, también ondulan entre nosotros la radiación ultravioleta del Sol, la luz visible o los rayos cósmicos que atraviesan la Tierra de lado a lado, entre otras. Si fuéramos capaces de ver todas las radiaciones que nos rodean descubriríamos un universo psicodélico de ondas fluctuando a nuestro alrededor.

Si atendemos a sus propiedades, las radiaciones electromagnéticas se pueden clasificar en dos grupos: ionizantes o no-ionizantes. Las radiaciones ionizantes son las que tienen tendencia a ser peligrosas para nuestra salud. Su movimiento ondular es muy estrecho, lo que se conoce como pequeña longitud de onda. Si fueran un sonido, serían uno muy agudo, como la voz de una cantante soprano capaz de romper los cristales. Se consideran radiaciones ionizantes todas las que tienen una longitud de onda menor que la de la luz visible. Algunos ejemplos son la radiación ultravioleta del sol o los rayos X de las radiografías. Las radiaciones no ionizantes son aquellas con una longitud de onda mayor que la de la luz, como los rayos infrarrojos, las ondas de radio, de teléfono o las ondas Wi-Fi.

wifi logo concienciados

Y sobre estas últimas es sobre las que vamos a centrarnos, ya que hace unos días apareció este artículo (uno de tantos) en los medios. Se trata de una entrevista a Agustín Bocos, un abogado ambientalista que ha representado a varios clientes en casos relacionados con las radiaciones electromagnéticas. Este abogado alerta sobre los peligros de todas las radiaciones que nos rodean, en especial las Wi-Fi, pero ¿qué es lo que se sabe sobre esto.

La Organización Mundial de la Salud dice que aunque las radiaciones implican un efecto biológico, esto no significa que el efecto sea nocivo. Hoy en día, no cabe duda de que altos niveles de radiación electromagnética son dañinos, por lo que las investigaciones se centran en descubrir cuáles son los efectos de una exposición continuada a bajos niveles de radiación. Aún así, y basándose en una reciente y exhaustiva revisión de literatura científica, la OMS concluye que no hay evidencias que confirmen la existencia de consecuencias negativas para la salud debidas a la exposición a campos electromagnéticos no ionizantes. De todos modos, se reconoce que todavía existen ciertos puntos de debate abiertos y que se necesita más investigación. Con este ultimo punto se refieren fundamentalmente a potenciar una mayor investigación sobre los potenciales efectos de la radiación en niños, ya que son más susceptibles a sus efectos y los problemas pueden tardar años en aparecer.

Resumiendo, toda la evidencia recogida hasta ahora no ha logrado relaciona la radiación Wi-Fi con ningún riesgo para la salud. Pero si aún así estamos preocupados por los peligros que puedan estar en la sombra, ¿qué podemos hacer?

hombre de hojalata

Nuestro amigo está preparado para bloquear cualquier radiación

Una alternativa consistiría, como sugiere el abogado del artículo, en apagar la Wi-Fi por la noche, también podríamos decantarnos por el uso del cable, que además nos proporciona un acceso a Internet más rápido. Aún así, mucho me temo que los habrá que seguirán preocupados por las radiaciones Wi-Fi de sus vecinos, del bar de enfrente de casa, etc.  Por no hablar de todas las ondas de radio, televisión y teléfono que nos rodean… en ese caso, lo ideal sería construir una “Jaula de Faraday” para aislar nuestro hogar de toda radiación potencialmente maligna. ¿Cómo? Sólo tienes que forrar tu casa de papel de aluminio… o probar con una alternativa más sencilla y hacerte un sombrero (o un traje) de papel de aluminio, que algunos también han defendido como protección contra las ondas de control mental (!). Estas son algunas opciones, llevarlas o no cabo depende solamente de la percepción del riesgo que cada uno tenga. Para gustos los colores (o los sombreros de hojalata).

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