La memoria nos juega malas pasadas

Hace un par de días me topé con un álbum de fotos de mi infancia. A menudo, viendo retratos antiguos, comentando las mismas anécdotas de siempre, me pregunto lo mismo: ¿De verdad me acuerdo de todo esto o he generado el recuerdo a partir de las historias de otros, de las fotos, de los vídeos que tantas veces hemos compartido? Quizá un poco de los dos.

Hace unas semanas, un equipo de científicos logró incorporar un falso recuerdo en el cerebro de ratones. En mi caso, esto sólo puede dar lugar a un par de parches extra en mi récord de caídas infantiles. Sin embargo, los falsos recuerdos de algunos testigos han sido responsables de ciertos encarcelamientos que luego se han demostrado erróneos al revelarse pruebas de ADN.

Nuestros recuerdos son complejos: la idea de un lugar o un momento está asociada a un contexto, un espacio, quizá un olor determinado… a todo este conjunto de elementos se le denomina engrama y está codificado en nuestras conexiones neuronales. Según este nuevo estudio los recuerdos falsos son indistinguibles de los reales; comparten el código y la interpretación.

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El experimento realizado fue complejo y requirió de ratones modificados genéticamente. El equipo de investigadores modificó ciertas neuronas del hipocampo (una parte del cerebro donde se sabe que se almacenan recuerdos) para que expresaran el gen responsable de la producción de una proteína llamada canalrodopsina. Introdujeron el gen de tal manera que la proteína sólo se produciría en las neuronas que están generando un recuerdo. La clave del sistema está en que la canalrodopsina tiene la propiedad de detectar la luz azul. De esta manera, si los ratones son expuestos a luz azul, los recuerdos almacenados en las neuronas con canalrodopsina se activarán en ese momento.

Para el experimento, el equipo de científicos dejaba a los ratones explorar una jaula o cámara. Durante la exploración, los ratones irán generando recuerdos sobre esa cámara en concreto. Es decir, varias de sus neuronas estarán generando canalrodopsina. Más tarde el ratón se ponía en otra caja y se le daba una pequeña descarga eléctrica para generar una respuesta condicionada de miedo. Pero justo al mismo tiempo de la descarga, se exponía a los ratones a luz azul, de modo que los recuerdos de la primera jaula venían a su mente. La idea era que los ratones asociaran la descarga eléctrica a la primera cámara. ¿Y fue así? Efectivamente, cuando los ratones fueron colocados de nuevo en cada una de las cajas la mayoría se quedaron congelados solamente al entrar en la primera. Es decir, los animales habían asociado la descarga eléctrica a la primera caja, aunque allí nunca habían recibido ninguna corriente.

A pesar de que el experimento se haya realizado con una asociación muy simple, lejana a los complejos recuerdos que guardamos de nuestro primer día de colegio o nuestra ex-pareja, prueba un hecho fundamental: no importa que algo haya ocurrido o no, cuando un recuerdo se genera queda grabado con un único código independientemente de su veracidad.

Sin embargo, también podemos aventurarnos más allá: ¿Qué pasaría si pudiéramos insertar recuerdos en la mente de la gente? Podrían ser memorias de experiencias negativas o positivas que definitivamente cambiarían nuestro comportamiento, opiniones o incluso sentimientos. Un mundo de alternativas con mejor o peor fin -e intención- que más vale que comencemos a analizar antes de que se nos adelanten.

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