El ratopín rasurado; de sapo a príncipe

Hace unos días me pidieron una explicación sobre las propiedades de “ese bicho tan feo que dicen que no tiene cáncer y es prácticamente inmortal”. Efectivamente, el ratopín rasurado (o mole rat ) ha visto su retrato en la mayor parte de los periódicos y televisiones y no precisamente por sus atributos físicos. Este roedor ya es un viejo conocido para las revistas científicas, que le llevan siguiendo la pista varios años.

El ratopín es una rata topo que no tiene pelo y vive en la zona del Cuerno de África, donde a veces se le ha considerado una plaga, ya que se alimenta de tubérculos y raíces. El motivo por el que la comunidad científica ya llevaba un tiempo analizando a este particular animalillo es porque puede llegar a vivir 30 años, cuando un roedor de su tamaño no supera los 4. Es decir, es como si un humano pudiera vivir más de 700 años. Además, es muy resistente al cáncer, aunque se le exponga a productos muy tóxicos que producen la enfermedad en otros animales o tenga mutaciones de alto riesgo.

Pues bien, parece que unos investigadores de Estados Unidos han dado con la clave de la longevidad y salud de este roedor. Como publicaron en la revista Nature, el ratopín posee unas cadenas de ácido hialurónico cinco veces más largas que las de otros animales. Estas moléculas tan grandes se consiguen mediante un doble mecanismo. Por un lado, una de las enzimas encargadas de fabricar estas cadenas, llamada HAS2, tiene una estructura única en las ratas topo, lo que aparentemente le confiere la capacidad encadenar más moléculas de ácido hialurónico. Por otro lado, el ratopín degrada menos estas moléculas. De hecho, cuando los científicos eliminaban artificialmente la proteína HAS2, las células de la rata topo eran capaces de adquirir propiedades cancerígenas, probando de nuevo que el ácido hialurónico de alto peso molecular es el responsable de la protección frente al cáncer que posee el ratopín.

Los científicos piensan que la producción de este tipo de cadenas de ácido hialurónico se seleccionó en la rata topo porque le permite tener una piel más flexible para deslizarse mejor por los túneles que excava. El efecto anticancerígeno vino como un efecto secundario muy bien aprovechado.

El ácido hialurónico ya se usa en clínica – para tratar la artritis, como una especie de lubricante que impide que los huesos rocen entre sí- y en estética – para rellenar arrugas y dar elasticidad a la piel. El próximo paso es investigar los efectos del ácido hialurónico de alto peso molecular en células cancerígenas. ¿Qué más secretos guardará el ratopín rasurado?

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 Fotografía de John Trainor

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