Los protagonistas del laboratorio

Decir que trabajas en un laboratorio de investigación del cáncer suena muy bonito hasta que llegas a la parte en la toca ponerse a hablar del papel de los animales, ahí se suele caer el velo bucólico. Y con razón. En este post no pretendo analizar la moralidad del uso de unos u otros seres vivos en investigación, pero sí hacer un repaso a qué son, de cuáles se trata y porqué hoy en día siguen siendo necesarios.

En realidad, más que de animal de laboratorio deberíamos hablar de organismo modelo: una especie no humana que se estudia para entender un determinado proceso biológico con la intención de que lo observado sea extrapolable a otros seres vivos. Esto es posible ya que todos los organismos procedemos del mismo y conservamos gran parte de la información de nuestro material genético.

El modelo animal más conocido por todos es probablemente el ratón. Pero, ¿por qué es escogen unos animales y no otros como modelo de estudio? Algunos de los motivos son que sean fáciles de manipular y mantener en condiciones óptimas, que tengan un ciclo vital corto o que se puedan realizar en ellos manipulaciones genéticas de forma sencilla.

Sin embargo, el primer organismo modelo utilizado dista mucho de un ratón; se trata de Escherichia coli, una bacteria que vive de forma habitual en nuestro sistema digestivo. Siguiendo en orden creciente de complejidad, nos encontramos con la levadura Saccharomyces cervisiae, utilizada para hacer pan, cerveza y otros experimentos menos apetecibles. También se utilizan algunas plantas, como Arabidopsis thaliana, que de hecho fue la primera planta de la que se obtuvo el genoma completo. Estos sistemas pueden ser de gran ayuda para estudiar procesos biológicos muy conservados como el ciclo celular, por el que las células de nuestro cuerpo se dividen dando lugar a otras células necesarias para mantener nuestras funciones. Sin embargo, el estudio de enfermedades u otros problemas más complejos requiere el uso de seres vivos más similares a nosotros.

En el mundo de los invertebrados hay dos organismos predilectos: el gusano Caenorhabditis elegans y la mosca Drosophyla melanogaster, comunmente conocida como mosca de la fruta. La ventaja que ofrecen estos dos organismos es que obvia: ocupan muy poco espacio y son muy fáciles de mantener y manipular genéticamente. El gusano C.elegans, además, es prácticamente transparente. Sin embargo, el sistema inmune y el desarrollo de enfermedades de estos dos organismos son muy diferentes al humano, por lo que para ciertos estudios tendremos que seguir avanzando en el grado de complejidad del organismo modelo.

Dos de los vertebrados menos conocidos como animales de investigación son el pez zebra y la rana africana Xenopus, en este caso sobre todo sus huevos. También se utilizan como modelo los mismos huevos que habitualmente incorporamos en nuestra dieta, aunque en este ámbito nos solemos referir a ellos como embrión de pollo, que se utilizan habitualmente para investigar el desarrollo de los serers vivo a partir de la fecundación del óvulo. Y por fin llegamos a los populares ratones – o Mus musculus – y ratas – Rattus norvegicus-. Las ratas se utilizan a menudo para testar la toxicidad de fármacos, estudios de comportamiento y como fuente de células primarias para estudios in vitro. El ratón es el modelo más clásico. Hay varias líneas muy bien caracterizadas, es sencillo introducir diferentes mutaciones en ellos, son fáciles de mantener, producen mucha descendencia y tienen un ciclo vital relativamente corto. Todo esto hace del ratón el modelo predilecto, aunque también tiene sus limitaciones y no siempre los hallazgos que se hacen en él son trasladables al ser humano.

Hoy en día las prácticas realizadas con animales de investigación están muy reguladas: todos los procedimientos que se llevan a cabo con ellos deben ser aprobados por un comité ético que evalúa tanto el número de animales utilizados como su trato. Se fijan los denominados “criterios de punto final” para determinar cuando un animal debe ser sacrificado para evitar su sufrimiento. También se establecen las condiciones de anestesia y eutanasia cuando son necesarias. En general, el uso de animales de laboratorio se rige hoy en día por tres normas básicas: reducción, refinamiento y reemplazo. Reducción del número de animales utilizados, refinamiento de las técnicas utilizadas para lograr reconocer rápidamente los signos de enfermedad del animal, administración correcta de los tratamientos, perfeccionamiento de técnicas quirúrgicas… y reemplazo de los animales por cultivos de células invitro o simulaciones informáticas cuando sea posible.

A día de hoy seguimos dependiendo de los modelos animales para descifrar muchos de los misterios que la biología nos esconde. A pesar de esto, o quizá precisamente por ese motivo, cada día son más comunes las acciones por parte de grupos que consideran que lo mínimo que podemos hacer es reconocer a los animales su colaboración con nuestras investigaciones. Así, en países como Japón o Korea del sur, se realizan actos conmemorativos anuales por los animales utilizados en las investigaciones. ¿Extravagancia o deber moral? Cada uno que saque sus conclusiones.

Más información sobre modelos animales en esta página del CISC.

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