Tómate la leche

Aún me encanta merendar un vaso de leche con galletas; con la leche bien fría. Me trae recuerdos de la infancia y de todos los trucos que otros niños menos afortunados que yo, a los que no les gustaba la leche, recurrían para camuflar su sabor. Cucharadas y cucharadas de cacao, azúcar hasta lograr masticarla, cereales saturados de miel… o una excursión rápida por el fregadero cuando alguien se despistaba. Ahora que por fin me atrevo a plantear los primeros retos a la sabiduría de una madre me pregunto, ¿realmente es tan importante “tomarse la leche”?

La leche contiene nueve nutrientes esenciales, entre ellos calcio, potasio y vitamina D, además de un alto valor proteico. Todos estos nutrientes se pueden obtener de otras fuentes, pero es cierto que la leche es como la navaja suiza de la alimentación; un todo en uno. Aún así, esto no quiere decir que sea imprescindible. En otras partes del mundo, como Asia y África, el consumo de leche de vaca no es común.

Pero vayamos por partes. ¿Qué es lo que nos aportan estos nutrientes?

Es ampliamente sabido que el calcio es fundamental para la salud de nuestros huesos, prevenir fracturas o enfermedades como la osteoporosis. Esto es lo que justifica la especial importancia del consumo de leche en niños, ya que la mayor parte del calcio que nuestro organismo incorpora lo hará durante la adolescencia, sobre todo en mujeres.

Sin embargo, hay quien opina que la leche no es la mejor fuente de calcio, ya que las proteínas de la leche limitan la absorción del calcio. Vegetales como las espinacas o algunas legumbres pueden constituir algunas alternativas. Además existen otros factores a menudo ignorados, como el ejercicio físico, que afectan la salud de nuestros huesos.

El potasio es un mineral que está en equilibrio con el sodio de nuestro organismo. Un exceso de sodio y falta de potasio puede aumentar el riesgo de tener la presión arterial alta. De todos modos, la mayoría de las dietas sufren más de un exceso de sodio -sal- que de falta de potasio.

La vitamina D tiene múltiples funciones en el organismo, pero la principal y más conocida es regular la entrada de calcio a los huesos, por lo que su déficit produce raquitismo. A parte de en la leche, podemos encontrar esta vitamina en huevos, pescado y alimentos enriquecidos. Además se puede decir que el sol es otra fuente de vitamina D, ya que sus rayos ultravioleta son capaces de producir esta vitamina a partir del colesterol acumulado en nuestro organismo.

En los últimos años se ha sugerido cierta relación entre el consumo de vitamina D y una reducción en el riesgo de padecer cáncer ciertos tipos de cáncer, como el de mama, colon o vejiga. Con el calcio sin embargo, las cosas no están tan claras; tan pronto se relaciona con un aumento como con una reducción de este riesgo, por lo que de momento no parece haber ninguna tendencia clara.

Otra cuestión que preocupa a algunos nutricionistas es el alto contenido en grasas de la leche. Sobre todo teniendo en cuenta las preocupantes cifras de obesidad infantil. De modo que muchos abogan por el consumo de leche desnatada en estos casos.

En fin, que contra el dogma materno de “tomarse la leche”, podemos alegar que se trata de un alimento saludable pero no imprescindible. El creciente número de intolerantes a algunos de los componentes de la leche lo agradecerán.

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