Señores, salgan de mi regazo

Un nuevo recorte nos sorprende cada vez que ojeamos la prensa, los itinerarios de los autobuses cambian día sí día no por alguna manifestación, nos bombardean datos sobre la prima de riesgo, los pactos en Europa… y a nuestro Ministro de Justicia, en medio de una entrevista al diario La Razón, se le ocurre volver a hablar de los planes que tiene para nosotras.

Alberto Ruiz Gallardón ha anunciado la revisión del supuesto de anomalías fetales como justificación del aborto. De hecho, en sus palabras se vislumbra la intención e abolirlo por completo.

Entre 1985 y 2010 existía una legislación que permitía el aborto sólo en tres casos o supuestos: violación (hasta la semana 12 de gestación), malformación grave (hasta la semana 22) y riesgo para la salud física o psíquica de la madre (sin plazo).

En 2010 se aprobó la actual Ley de Salud sexual y Reproductiva, que consiste en un sistema de plazos – mayoritario en Europa- que permite el aborto libre hasta las 14 semanas de embarazo, y hasta la semana 22 en caso de riesgo para la salud de la madre o si dos especialistas independientes acreditan que el feto sufre anomalías graves. A partir de este límite, sólo se permite el aborto cuando se detecta en el feto “una enfermedad extremadamente grave e incurable en el momento del diagnóstico”, lo que debe ser confirmado por un comité clínico designado por las autoridades.

Los únicos países de Europa donde las malformaciones fetales no son un motivo lícito para el aborto son Malta e Irlanda. En el primero está completamente prohibido y en Irlanda sólo se permite cuando hay un riesgo grave para la mujer. El resto de estados, incluido Polonia – país tradicionalmente católico – consideran las malformaciones del no nato como un motivo legítimo para el aborto.

Gallardón no comprende “que se desproteja al concebido por el mero hecho de que tenga algún tipo de minusvalía o malformación”. Sin embargo, el asunto no es tan sencillo. El supuesto de malformaciones puede incluir un amplio abanico de enfermedades: desde cardiopatías severas, pasando por tumores, o – dentro de las más comunes- alteraciones neurológicas graves.

Puestos a discutir, la pregunta clave sería ¿cómo sufre menos el concebido? En principio, se considera que hasta las 8 semanas de vida el feto no tiene estímulos dolorosos, sólo reflejos. A partir de las 15 semanas comienza a segregar hormonas relacionadas con el dolor, aunque como su sistema nervioso no está aún formado, no es posible la percepción dolorosa. El debate se vuelve más intenso a partir de la semana 20, donde ya no hay respuestas claras. Aún así, tenemos que considerar, que cuando se habla de “malformaciones graves” estamos refiriéndonos a enfermedades que pueden hacer imposible que el bebé pueda vivir más de unas horas, puede que nunca llegue a abandonar el hospital… En el mejor de los casos se enfrentará a una enfermedad larga y compleja que le mantendrá entre médicos gran parte de su vida, la cual, probablemente y por desgracia, no pasará de la adolescencia. Ni que decir tiene que esto produce un gran sufrimiento tanto al bebé como a su familia. Sufrimiento al que, bajo mi punto de vista, cada uno debería poder elegir si está dispuesto a enfrentarse o no.

Por supuesto, para algunas familias la alegría de disfrutar de su hijo y compartir la vida con él compensará todo lo anterior. Sin embargo, estas cuestiones son tan estrictamente personales, que no comprendo el afán de legislar sobre ellas, limitando una capacidad de elección adquirida ya después de muchas luchas.

En un artículo del periódico El País, el neurocirujano infantil Javier Esparza analiza este problema poniendo como ejemplo una de las patologías más típicas que llevan a algunas madres a decidir abortar: la espina bífida abierta. Esta enfermedad tiene un tratamiento muy complejo, requiere rehabilitación y cuidados permanentes, aparatos ortopédicos, sondajes, sillas de ruedas… Y en muchos casos acaba derivando en síntomas más graves que conducen a una muerte prematura. De elegir llevar adelante un embarazo de un bebé que sufre esta patología, la familia se vería muy necesitada del apoyo a individuos dependientes, que como sabemos también está siendo víctima de los últimos recortes. Sobra decir que no lo ponen muy fácil desde el gobierno.

De todos modos, no nos precipitemos, aún no sabemos cómo se aplicará la nueva ley. Algunos países, como Brasil, permiten el aborto sólo en el caso de algunas patologías muy determinadas como la anencefalia, que implica nacer sin cerebro. Esperemos que no tengamos que llegar a estos extremos para poder elegir nuestro camino.

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