Lagartos gigantes de sangre caliente

Aún recuerdo el día en que fui al cine a ver Jurassic Park;en el cine de mi pueblo aún se pagaban quinientas pesetas por la sesión doble. Fuimos familia, amigos y vecinos, el cine estaba a rebosar de gente de todas las edades ansiosa por ver a esos lagartos gigantes moverse como si estuvieran a nuestro lado de la pantalla. No había gafas 3D, pero con ocho años la imaginación basta.

Y sin embargo, ahora resulta que esos gigantes no fueron tan lagartos como pensamos. Los reptiles son animales ectodermos, es decir, no generan calor interno y su temperatura depende completamente del ambiente en que se encuentren. Los animales endodermos, por el contrario, son capaces de controlar su temperatura corporal, como hacen los mamíferos o los pájaros.

Tradicionalmente se ha pensado que los dinosaurios, como los reptiles o los anfibios, eran animales ectodermos, aunque desde hace 40 años este hecho ha estado rodeado de un intenso debate por diversos motivos.

En primer lugar, los dinosaurios eran capaces de crecer varias toneladas en muy poco tiempo. Este desarrollo tan brutal requiere gran cantidad de energía y un metabolismo alto, sólo posible en animales endodermos o de sangre caliente.

Además, se han hallado pruebas de que la densidad de vasos sanguíneos en los huesos de los dinosaurios es muy alta, más similar a la de los mamíferos y pájaros que a la de reptiles y anfibios.

Por último queda el interrogante entre crecimiento determinado e indeterminado. La mayor parte de los animales de sangre caliente crecen hasta alcanzar un tamaño determinado en su etapa adulta, cunado el crecimiento se detiene. Esta característica se puede analizar a través de los huesos de diferentes animales y, de hecho, se han encontrado marcas de paro de crecimiento en la edad adulta en cocodrilos y otras especies extintas, primas lejanas de los dinosaurios.

Sólo había una pieza que no encajaba en el puzzle. En los huesos de los dinosaurios se encuentran unas líneas de crecimiento (LAGs), similares a los anillos que se ven en los troncos de los árboles, que marcan paradas en el crecimiento del organismo en cuestión por falta de alimento. Se creía que estas líneas aparecen, coincidiendo con la estación más desfavorable, en animales incapaces de generar calor interno. Sin embargo, científicos del Instituto Catalán de Paleontología (ICP), han descubierto que estas marcas aparecen también en mamíferos. Para ello analizaron los huesos de más de cien rumiantes de cuarenta especies actuales de varios ecosistemas de Europa y África. En todos ellos se encontraron las famosas lineas de crecimiento. Este hecho indica que los mamíferos también dejan de crecer coincidiendo con la estación fría o seca, cuando su reloj interno lo marca.

El hallazgo ha sido publicado en la revista Naturey está teniendo un alto impacto. No se puede determinar qué temperatura alcanzaban los dinosaurios, pero probablemente era más parecida a la de mamíferos y pájaros en general, además de ser constante y mantenida. Este descubrimiento ayuda a entender mejor la evolución de los animales de sangre caliente, característica que los dinosaurios adquirieron de forma temprana y fue heredada por los pájaros. Por otro lado, el estudio de las líneas de crecimiento nos da una idea de la capacidad de respuesta de los animales a las perturbaciones de su entorno, como las degradaciones de ecosistema, que por desgracia se dan cada día, o el cambio climático.

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