Los inconvenientes de surcar galaxias

Se suele decir que la realidad supera a la ficción, pero en algunos campos todavía nos quedamos un poco atrás. En Star Wars los personajes viajan de un planeta a otro como quien coge el metro de Sol a Legazpi, pero en la realidad aún nos queda mucho trabajo para llegar hasta aquí.

Dejando otros asuntos más mecánicos aparte, una de las mayores barreras de los viajes espaciales es la radiación. Ésta procede de distintas fuentes; la más popular es la radiación ultravioleta (UV) del Sol, contra la que nos protegemos en verano por sus más que conocidos efectos nocivos. Además, existe la radiación de fondo del espacio, compuesta por rayos X de alta energía, rayos gamma y rayos cósmicos. Todas ellas son capaces de provocar gran daño en nuestro material genético, propiciando el desarrollo de cáncer.

La Tierra, como cualquier otro planeta, está sometido a radiación. Entonces ¿cómo logramos sobrevivir en ella? Desde su comienzo, la vida en nuestro planeta ha estado en un constante pero delicado equilibrio: por una parte se aprovecha la energía procedente del Sol, mientras que por otra se protege de los daños que pueda causar. De esta manera, la vida se originó en el agua, donde gozaba de cierta protección de la radiación solar, pero a la vez lograba acceder a ella de manera suficiente como para realizar la fotosíntesis. Como producto secundario de la fotosíntesis se produce oxígeno, que fue llenando poco a poco la atmósfera generando una capa protectora: la famosa capa de ozono. De este modo se  favoreció la expansión de la vida fuera del agua. Además de mecanismos barrera como este, hay organismos que ha desarrollado otras estrategias para protegerse de la radiación; como la desecación o el desarrollo de mecanismos más eficaces de reparación del ADN. Éste último es el caso de la bacteria Deinococcus radiodurans,capaz de soportar altísimas dosis de radiación.

Por este motivo, la atención se ha centrado en torno a peculiar microorganismo, con la intención de averiguar cuáles son los mecanismos que utiliza para sobrevivir en condiciones tan extremas. Uno de los investigadores involucrados en el tema es Michael M. Cox, que ya en 2009 publicó, con su equipo, algunos estudiosal respecto. El grupo de científicos logró generar bacterias resistentes a la radiación a partir de un tipo de bacteria común conocida con Escherichia coli. Para ello sometieron a estas bacterias a rondas de radiación crecientes. En cada uno de los ciclos de radiación seleccionaban las bacterias supervivientes, las dejaban crecer y las sometían a un nuevo ciclo de mayor intensidad. Así generaron varias líneas de bacterias radioresistentes a partir de una línea radiosensible, la herramienta perfecta para estudiar los mecanismos adaptativos de reparación del daño que causa la radiación. A día de hoy, el grupo continúa sus investigaciones en esta línea.

Quizá algún día se logren utilizar estos conocimientos para mejorar el sistema de reparación del daño en el ADN de los humanos. Aún así, deberíamos ayudarnos de sistemas de protección barrera, como los trajes de los astronautas, y considerar otros problemas, como la posibilidad de sobrevivir sin todos los microbios que pueblan nuestro organismo. O quizá, cuando empecemos a construir colonias humanas en el espacio, nos llevemos a ciertos organismos con nosotros, para favorecer la generación de una atmósfera similar a la de la Tierra. Y quizá, dentro de no tanto tiempo, la realidad supere a la ficción también en este campo.

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