Caminando hacia el hombre biónico

Hace quince días me topé con una de esas noticias que me hacen recuperar la fe en el ser humano, al menos por un momento. Ésta es una de esas veces en las que una imagen vale más que mil palabras, así que antes de que sigáis leyendo os recomiendo ver este vídeo. Para aquellos que andáis cortos de tiempo o el flashplayer os da problemas, aclaro que el vídeo muestra a una mujer con un avanzado grado de parálisis controlando un brazo robótico con un implante colocado en su cerebro y logrando, gracias a ello, beber café por sí misma por primera vez en más de quince años. Maravilloso.

El avance es resultado de un trabajo publicado en la revista Nature y llevado a cabo por investigadores de la compañía americana BrainGate. Los científicos de esta compañía utilizan unos sensores únicos, capaces de detectar simultáneamente la actividad de muchas neuronas individuales. Estos receptores, que son del tamaño de una moneda pequeña y contienen 100 electrodos más finos que un cabello humano, se implantan en el córtex motor; el área del cerebro responsable del movimiento de las extremidades. El sensor está conectado a un manojo de cables de oro que llegan hasta una pedestal que atraviesa el cráneo. El pedestal se puede conectar a ordenadores encargados de analizar las señales neuronales y traducirlas a un lenguaje comprensible por diferentes aplicaciones informáticas.

El proceso se llevó a cabo en dos individuos – un hombre y una mujer- que llevaban varios años sin poder mover sus brazos y piernas. Aún así, sus neuronas fueron capaces de responder cuando los pacientes se imaginaron que controlaban el brazo robótico. Durante la fase de calibración, que consistió en un duro entrenamiento mental para los pacientes, los investigadores construyeron un “decodificador” para traducir las intenciones de los mismos a movimientos en tres dimensiones del brazo y de apertura y cierre de la mano robóticos. Después comprobaron la habilidad de los pacientes para lograr agarrar unas pelotas de espuma; lo consiguieron aproximadamente dos de cada tres veces. Por último, la paciente que se ve en el vídeo logró realizar una tarea más compleja: agarrar un vaso rígido, acercárselo y beber a través de una pajita, como no lo hacía de forma independiente desde quedar paralizada.

Fue hace más de cincuenta años cuando se asentaron las primeras bases de este avance. En 1966 se grabaron los primeros vídeos de neuronas del córtex motor. Más tarde se han realizado diferentes pruebas con primates y un antiguo proyecto de Braingate donde los participantes lograban mover el cursor de un ordenador en dos dimensiones. Sin embargo, aún queda mucho por hacer.

En primer lugar, se deben tener en cuenta los riesgos de la inserción del sensor en el cerebro. Por otro lado, el tejido que rodea al implante podría cicatrizar rodeando los electrodos, lo que a largo plazo, podría deteriorar la señal. De hecho, uno de los participantes llevaba el implante durante unos cinco años y se había observado cierto deterioro, que sin embargo, no interfirió con la detección de señales.

Otro inconveniente es la necesidad de utilizar cables que conecten el receptor con el brazo robótico, por lo que el siguiente paso es desarrollar un sistema inalábrico; telequinesis en estado puro.

Por supuesto, también está en la lista de cosas por hacer el desarrollo de sistemas de electroestimulación de los músculos para controlar nuestras propias extremidades o, en su caso, implantes.

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