Mi pregunta está relacionada con las zonas abisales. Hay mucho misterio con este asunto, pero a poco que te informas, descubres que están estudiadas y en muchas hemos conseguido llegar hasta el fondo. Quizás no conocemos toda la variedad de especies, pero aparte de eso hay poco más por descubrir ¿no? Hay una expectativa general que parece que podemos esperar descubrimientos mágicos o casi místicos. ¿Qué hay de cierto? ¿Hasta donde podemos llegar? ¿Qué queda por descubrir? Guillermo; Sevilla.

Hola Guillermo!

Muchas gracias por tu pregunta. Estoy de acuerdo contigo en que hay mucha expectación alrededor de los posibles descubrimientos en las zonas menos exploradas del mar, así que me parece muy buena idea lanzarnos a averiguar si estas esperanzas están basadas en algún tipo de evidencia.

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No obstante, espero que mucha gente lea esta pregunta y pueda complementarla y/o corregirla en caso de que sea necesario. Allá vamos!

En primer lugar, para meternos en contexto, aclaremos qué son estas famosas zonas abisales. Si dividimos el océano en capas, la primera será aquella a la que llega la luz del sol, conocida como zona fótica. Sólo en la parte superior de esta capa, hasta los 200 metros de profundidad, hay luz suficiente para realizar la fotosíntesis, de la que todos los organismos marinos, excepto ciertos microorganismos quimiosintéticos, dependen directa o indirectamente.

La zona afótica, o privada de luz, se divide a su vez en tres partes según la profundidad. De más a menos profundo estas zonas son: zona batial, zona abisal (a partir de los 4000 metros) y zona hadal (o fosas abisales). Teniendo en cuenta que las fosas abisales constituyen menos de un 2% del fondo oceánico, podemos generalizar diciendo que las zonas abisales son las más profundas y oscuras de nuestros mares.

Como bien dices, ya se ha andado camino en la exploración de las profundidades marinas, que comenzaron en el siglo XIX, cuando se tomaron las primeras medidas de profundidades mediante el uso de una simple cinta métrica con un peso al final.

Aunque sin duda, el acontecimiento que disparó la exploración submarina fue el descubrimiento del sónar en 1914. La tecnología sónar esá basada en el hecho de que el sonido viaja por el medio acuoso a una velocidad constante. De este modo, si se lanza una onda sonora y ésta rebota en un objeto volverá a la fuente emisora, si se mde el tiempo que ha tardado en volver la onda, se puede calcular la distancia al objeto. Más tarde, nuevas tecnologías se fueron aplicando para obtener una imagen más exacta del fondo del océano.

La siguiente frontera consistía en la exploración física de la zona, para lo que se diseñaron una amplia variedad de vehículos. El sumergible Trieste I, que operó a mediados del sigo XX, mantiene el límite de descenso en 10912 metros de profundidad en la Fosa de las Marianas. El Trieste I podía albergar a dos personas, más tarde se han diseñado dispositivos robóticos equipados con videocámaras que permiten explorar zonas más inaccesibles como cuevas y grietas.

¿Y cuáles son los misteriosos tesoros escondidos en el fondo del mar? Pues bien, podemos decir que, como en cualquier tesoro, encontramos el cofre y las monedas

Las monedas son la parte más vistosa del botín. En primer lugar, el suelo del océano es una inmensa fuente de minerales, principalmente manganeso, del que se pueden encontrar pepitas de hasta 25 centímetros, pero también cobalto y níquel. Todos estos metales se utilizan para realizar aleaciones de amplio uso industrial y doméstico.

Además, la fisiología característica de los organismos adaptados a este ambiente único, ha despertado el interés de los científicos en búsqueda de nuevos compuestos con propiedades medicinales.

Por último, se sabe que hay enormes depósitos de metano bajo el suelo oceánico. En los últimos años se está empezando a barajar la posibilidad de utilizar este gas como combustible alternativo en el futuro. Eso sí, habría que estudiar muy a fondo las consecuencias ambientales de su extracción y posible escape a la atmósfera.

Y nos queda el cofre, que esta vez no alberga oro si no basura, ya que se ha propuesto el uso del fondo oceánico como almacén de residuos, especialmente de aquellos más peligrosos y/o conflictivos: los químicos y radiactivos.

Al final, el hombre sigue avanzando respondiendo a los empujones de la curiosidad, pero ésta viene de la mano de la codicia.

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