Vente a Alemania, Pepe

Coincidiendo con la Semana Santa, este post lo voy a dedicar a algo tradicionalmente español: quejarme. En realidad, más que eso lo que pretendo es llamar la atención sobre un tema que creo merecedor de desatar nuestras alarmas. Se trata de los recortes en ciencia que se presentaron con el Presupuesto General del Estado el pasado 3 de abril.

No soy una experta en economía, así que no pretendo analizar estos datos más allá de como lo haría cualquier ciudadano de a pié. Mi intención es simplemente darlos a conocer, y que luego cada uno saque sus propias conclusiones.

Nuestro país nunca ha destacado por su inversión en ciencia. En tiempos de bonanza se construyeron modernos centros de investigación como el Príncipe Felipe de Valencia, se invirtió en proyectos de referencia internacional como es el caso del Gran Telescopio Canarias y surgieron programas como el  Ramón y Cajal, que pretendía traer científicos españoles formados en el extranjero de vuelta a nuestro país. El problema, es que pasados unos años del comienzo de ese programa, varios investigadores que se acogieron a él para “volver a casa” se encuentran secuestrados en lujosos centros vacíos, sin presupuesto, sin infraestructuras, sin capacidad para contratar más personal…

Nos lo llevan advirtiendo mucho tiempo: el futuro está en el horizonte y no en la punta de nuestra nariz, hay que invertir a largo plazo para garantizar un crecimiento sostenible… y toda una serie de consejos que ya suenan a retahíla, pero que nunca se siguen en nuestro país. Seguimos estando en la cola y llueven collejas desde Bruselas.

Como cualquier adolescente, el gobierno responde prometiendo que “intentará no volverlo a hacer. Pero como cualquier adolescente, miente a sus padres y vuelve a reducir la inversión en I+D+i, uno de los principales pilares de la economía en países de referencia como Estados Unidos, Japón o Alemania.

El pasado martes se presentó un recorte del 25% con respecto al año anterior en la totalidad de investigación civil. Si indagamos un poco más en los datos descubrimos que el presupuesto dedicado a programas de investigación se ve reducido casi un 35%.

 

Estamos ante un problema que se repite: falta de visión a largo plazo. El Estado ha gastado mucho dinero en la formación universitaria de miles de profesionales, en las becas de gente que, como yo, trabaja para terminar su doctorado, en la creación de centros punteros… Inversiones que podrían dar fruto si se continúa apostando por ellas. Comprendo que en época de crisis hay que ajustarse el cinturón, pero no termino de entender cómo es posible que el presupuesto para deporte aumente en un 16% mientras el de ciencia se lleva un varapalo sin precedentes.

Al final no nos quedará más remedio que irnos. Como dice Jose Ignacio Wert, nuestro ministro de Educación, no hay nada malo en que un investigador (o cualquier otro profesional) se vaya a trabajar fuera. El problema, Señor Ministro, es que no podremos volver.

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